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La democracia se ve amenazada por el desprecio a la diversidad cultural y al voto del campo.
El coordinador del Colegiado de Colectivos de la Sociedad Civil, Rolando Pilco Mallea, afirmó que el racismo y la discriminación contra los pueblos originarios no son hechos recientes ni aislados, sino una problemática histórica que el país arrastra desde hace décadas.
Expresó su solidaridad y respaldo a la lucha de Brígida Curo, una mujer quechua que viene siendo atacada y ridiculizada por su procedencia, identidad cultural y forma de vestir. “Todo mi respaldo y solidaridad a la señora Brígida Curo”, manifestó.
Pilco señaló que en el Perú persiste una élite limeña criolla que se resiste a reconocer y valorar a los pueblos originarios. Desde ciertos sectores, se continúa mirando con desprecio a las personas andinas, especialmente a las mujeres de pollera, quienes suelen ser objeto de burlas, humillaciones y discriminación por vestir conforme a su cultura e identidad.
“Nos ven como si fuéramos menos, cuando nuestros pueblos han sostenido históricamente al país”, enfatizó. Asimismo, recordó que en el Perú existen más de 54 pueblos indígenas.
Advirtió que, durante las campañas electorales, estos discursos discriminatorios tienden a intensificarse. En redes sociales y espacios políticos reaparecen mensajes que atacan a las poblaciones del sur andino, incluso ridiculizando alimentos ancestrales como la quinua, el mote o el maíz. Para Pilco, estas expresiones no son simples bromas, sino formas de racismo que buscan dividir al país y generar odio hacia los pueblos indígenas y campesinos.
El coordinador recordó que la Constitución reconoce la igualdad de todas las personas ante la ley, sin importar su origen, idioma o cultura. Sin embargo, en la práctica, muchas personas siguen siendo discriminadas por hablar quechua o aimara, por vivir en regiones andinas o por usar pollera.
Añadió que esta situación no solo afecta a quienes sufren directamente el racismo, sino que también debilita la democracia y profundiza las desigualdades en un país históricamente fragmentado.
Finalmente, sostuvo que el Perú debe aprender a reconocer su diversidad cultural como una fortaleza y no como un motivo de división. Desde las comunidades del sur andino, el mensaje es claro: respeto, inclusión y oportunidades para todos.
“No se puede construir un país unido mientras continúe el desprecio hacia nuestros pueblos originarios”, concluyó.
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